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David me habló al oido:
- esta noche nos vamos a poner las botas - me dijo y se puso a besarme apasionadamente.
Mientras me besaba, Juan y Ana se acercaron; ella le agarró la tranca a mi marido y Juan comenzó a tocarme las tetas y luego el culo, hasta que poco a poco pasó a mi raja y comenzó a juguetear con mi clítoris y a meterme el dedo en la vagina. David y yo seguíamos dándonos lengua como locos y yo estaba ya que me corría.
Para descansar, me separé de mi marido y me dirigí a Juan, al que tomé su instrumento con una mano, mientras me agarraba a su culo con la otra. Eché un vistazo y Ana ya estaba comiéndole la polla a David, que se había sentado en el borde del jacuzzi y tenía en sus tetas dónde agarrarse también.
- Ya está bien de que nosotros siempre vayamos rezagados - me dijo Juan mientras me cogía por la cintura, me sentaba al lado de mi marido y se ponía a comerme de arriba hasta abajo.
Al poco de llegar a mi coño, ya no aguanté más y me corrí estrepitosamente. Sin perder tiempo, Juan se la clavó a su esposa por detrás, mientras ésta seguía comiéndosela a David como quien tiene hambre de semanas.
Ana se corrió como una loca y, al oirla, mi marido no aguantó más y le llenó la boca de semen. Rápidamente me lancé con el ánimo de pillar algo, acerqué la boca y mi lengua a la polla de David y me encontré con la lengua de Ana en la que pude saborear aquél jugo. Mientras nos dábamos la lengua y nos tocábamos mútuamente los pechos, Juan me introdujo su tranca y creí que iba a desmayarme de gusto: era inmensa, muy gruesa y se movía como una máquina.
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